viernes, 30 de septiembre de 2011

Carta para mami

Mami... ¿Quién hubiera pensado que tu final estaba tan cerca? Aquí me he quedado tan vacío, durmiendo siempre que puedo para poder escaparme de esta terrible realidad. 

Hubiera querido decirte tantas cosas... Pero en tu estado las únicas fuerzas que tenías la usabas para preocuparte por nosotros como lo hiciste siempre, asegurándote de que comiéramos bien y que no nos faltara todo lo que estuviera a tu alcance. Todavía me quedo con los ojos abiertos esperando oír tu voz, todavía camino al cuarto y espero encontrarte ahí arreglando la ropa y las sábanas, todavía creo que te voy a encontrar viendo la televisión española o en la cocina haciendo cualquier otra cosa. No sé cómo tendré que aceptar que desde hoy ya tú no estás. 

Me arrepentiré siempre de haber pasado este último año y medio de tu vida lejos de ti, en otra ciudad. Fue bajo estas condiciones que aprendí a ver con más claridad cuánto significabas para mi y yo para ti. Pero te amé desde siempre y le pedí a Dios en incontables ocasiones que si algún día te enfermabas, tomara mi vida por la tuya, porque era lo más grande y significativo que podía darte, como la primera vez que lo hice aquella tarde lluviosa en el verano de 1997, cuando llegaste del médico y me dijiste que tenías el "corazón grande por la diabetes"... y yo no tuve más ánimo ese día y me acosté sin fuerzas, muy triste... 

Tengo conmigo encerrado en mi alma el triste recuerdo de lo que éramos ayer. Gracias a muchas cosas puedo recordar hasta cuando tenía 3 años y me ponías las medias que me compraste del mundial de 1986 mientras sostenía el balón que también me diste de colores negro y blanco para sacarme a jugar o para ver los partidos de fútbol. Recuerdo también las veces que nos hacías el desayuno en tiempos de vacaciones de navidad mientras veíamos muñequitos... Nada en el mundo me hará experimentar ese sentimiento de seguridad y felicidad que sólo tú fuiste capaz de crear.

Lamento haberme enojado contigo varias veces mami. Quisiera devolver el tiempo y volver a sanar de una mejor forma esas heridas que por mis caprichos y terquedad te hice. No sabía lo que hacía ni lo que pensaba. Yo nunca, nunca quise hacerte sentir mal. Desde el fondo de mi corazón ya me he arrepentido varias veces y espero que me hayas perdonado y Dios también... Mami, aún en esos momentos de discordia con todas mis fuerzas yo siempre te amé. 

Fue un error creer durante todos estos años de mi vida que nunca me faltarías. Tal vez sea esa la principal razón por la que me cuesta tanto aceptar que ya no estás. No sentiré dolor igual que aquel cuando llevaba tu féretro al lugar donde serías sepulcrada. Mi alma se derrumbó por completo esos minutos que fueron una combinación de milenios y segundos. Yo sé bien mami, que tu deseo fue siempre ocultarme tu padecimiento desde un principio, que tú no querías bajo ninguna circunstancia que yo me sintiera triste y preocupado ni siquiera cuando te llegara la hora de partir, pero no puedo evitarlo, simplemente no puedo... Si desde algún lugar del cielo ves caer mis lágrimas, por favor, no te sientas triste... Es que me cuesta entender por qué te fuiste ahora, cuando tu nieto sonríe, quien te hizo feliz en medio de esta enfermedad que acabó tan rápido con tu vida, al que no pudiste disfrutar, al que con limitaciones pudiste cargar en contadas ocasiones, jamás entenderé por qué... 

Perdóname mami si te sientes triste por mis lágrimas... es para lo único que tengo fuerza ahora mismo con tu partida a destiempo... Perdóname otra vez... Te llevaré siempre en mi corazón... Te amo... Dios te guarde en Sus Manos...